miércoles, 7 de enero de 2015

Carta al ‘yo futuro’: escribir nuestra historia y vivir con esperanza


Durante sus primeros días de vida universitaria, allá por el mes de octubre, pido a mis alumnos que escriban una carta a su yo futuro, al yo que serán cuando terminen sus primeros exámenes finales. Me quedo con esa carta –y la leo con su permiso– hasta que se la devuelvo puntualmente al comenzar el segundo semestre, a principios de febrero.

Los objetivos generales de este ejercicio son siempre los mismos. Cuando la escriben, espero que se imaginen a sí mismos al finalizar el primer gran hito de la aventura universitaria que entonces comienzan. Cuando la leen, les invito a reflexionar sobre cómo encarnan en el calendario o tiempo cronológico su tiempo biográfico, su propia vida.

Los objetivos específicos varían según el año y la asignatura que comparta con ellos, como puede variar también el tiempo entre el yo presente y el yo futuro al que les pido que escriban. Todas esas variantes ofrecen posibilidades interesantes, pues los frutos de dedicar un tiempo a pensar en nosotros, a imaginar quiénes seremos y a decirle, al que seremos, quiénes somos hoy, son incontables y pueden ser muy fecundos. Por eso la carta al yo futuro es también un recurso interesante en la práctica del Coaching Dialógico.

Uno de los mayores retos al que nos enfrentamos siempre es unificar pensamiento y vida, ideal y quehacer cotidiano. Esto es algo que tal vez aprendimos de niños, pero en nuestra adolescencia la vida se complica y si de jóvenes perdemos el hábito de obrar nuestros sueños en el presente, corremos el riesgo de perder nuestros sueños para siempre: «Toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes», decía Gregorio Marañón.

Es habitual encontrar entre sus cartas –como ocurriría entre las nuestras, pensemos en nuestros incumplidos propósitos de año nuevo– deseos o esperanzas que esperan que ocurran, aunque no creen poder hacer nada para lograrlo. Por ejemplo: «Espero que dejes de fumar, pero sé que no vas a lograrlo». Otros se marcan tareas muy específicas: «Quiero que veas cada semana tres películas relevantes para la historia del cine». En todos los casos aparecen los grandes temas cuando empezamos cualquier aventura: miedos, ilusiones, motivaciones, anhelos de superación. Todos mis alumnos quieren ser más o ser mejores; muchos de ellos se repiten también que no deben olvidar de dónde vienen. Varios tienen muy presentes aspectos no académicos de su vida, como la familia, los amigos o encontrar su media naranja.

Si me dan su permiso, espero compartirte pronto una entrada con varias perlas recogidas de sus distintas cartas. Estoy seguro de que, por torpe que sea mi intervención, el conjunto puede sonar armónico, como un poema colectivo. Mientras esperamos su permiso, te comparto algunas reflexiones que me suscita este ejercicio sobre el tiempo cronológico y el tiempo interior, que son las dos dimensiones del tiempo propiamente humano.

El tiempo cronológico

«El tiempo» –le escuché una vez a un economista– es un «bien inelástico: no se puede estirar ni encoger; no se puede recuperar lo que se ha perdido: hay el que hay, y punto». La expresión me hizo gracia, aunque el tono de este economista era de urgencia y seriedad y con toda la razón: «carpe diem, porque tempus fugit», me repito habitualmente: debemos vivir el presente de forma extraordinaria.

Sin embargo, una cosa es el tiempo cronológico, el de los astros, el reloj y la agenda, y otra cosa es el tiempo interior. El tiempo cronológico es cruel e inexorable, es monótono, medible, corrosivo, como lo es Kronos, devorador de sus propios hijos. Sin embargo, el tiempo interior no se ajusta a la cronología: varias horas pasan en un abrir y cerrar de ojos; mientras que algunos minutos nos parecen eternos. El tiempo interior es elástico también en otros sentidos: reconocemos en él diversas densidades, energías y panoramas.

El tiempo interior

Hay diversas formas para no quedar "atrapados en el tiempo", en el invierno de la rutina y el aburrimiento, como le ocurría a Phil, protagonista eterno del día de la marmota. Podemos aprender a viajar despacio para madurar de prisa, podemos entrenar nuestra capacidad de atención para vencer el aburrimiento y aprender a mirarlo todo cretivamente. Podemos adensar y llenar de energía y panoramas cada minuto de nuestra vida y hay, para ello, algunos trucos.

Con uno de ellos, recibido de Eugenio d’Ors, prácticamente inauguraba yo este blog y consiste en vincular siempre nuestro ideal con nuestra vida cotidiana. En realidad, un ideal muy personal y muy concreto es el elemento aglutinador de dialogicalcreativity, él es la piedra angular de tantos temas aparentemente inconexos. Otro truco -y por eso escribimos la carta al yo futuro- consiste en vincular en el presente la experiencia e ilusión del pasado con la esperanza del futuro. Todo minuto actual aparentemente anodino es entrenamiento para la hora definitiva.

Cómo vincular el tiempo cronológico y el interior

El tiempo humano no puede escapar a la cronología: vivimos el tiempo que vivimos y ni un minuto más. Sin embargo, el verdadero tiempo humano logra armonizar el tiempo cronológico y el interior. Stephen Covey llama «la cuarta generación de paradigmas de gestión del tiempo» a una herramienta para lograrlo. Este nuevo paradigma ya no consiste en «gestionar el tiempo», ni siquiera «las tareas y actividades»; consiste en «gestionarnos a nosotros mismos» determinado «con quién» queremos pasar el tiempo y «quién queremos ser» para esas personas. Es lo que yo llamo «preparar el “nosotros” en la hora del “yo” y disponer lo preciso para el encuentro». Con quién queremos vivir qué y cómo queremos vivirlo. Así vista, la tiranía del reloj se transfigura en la preparación del corazón, en vida del espíritu.

Vincular ideal y cotidianidad. Preparar el corazón para vivir en el encuentro. Adensar en cada minuto todo nuestro pasado y nuestro futuro, toda nuestra historia y tal vez nuestra eternidad. Sólo así podemos mirar a Kronos a los ojos, superar nuestros miedos y habitar una esperanza verdadera.

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[Actualización 11/01/2015: ya está publicada la Carta al yo futuro (periodista): "Te escribo estas letras para recordarte lo que quiero que seas"]

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