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| Imagen generada por Abellán-García con Nanobanana pro (19.02.2026). |
¡Ah, los exámenes! Con frecuencia provocan una tensión aguda en los alumnos y un soberano aburrimiento en los profesores. Yo procuro diseñarlos para el disfrute de los alumnos. Primero, por ellos: uno de los secretos de la vida feliz consiste en disfrutar lúdica o deportivamente de los obstáculos que encontramos en la vida. Otro secreto de la vida feliz consiste en disfrutar del aprendizaje y de la comunicación —en este caso al profesor— de lo que hemos aprendido. Segundo, por mí, hago así los exámenes en beneficio propio. El disfrute se contagia y yo quiero disfrutar del disfrute de mis alumnos.
Hoy, corrigiendo unos exámenes de alumnos de 1º de Grado, encontré una respuesta maravillosa. Funcionalmente, es una respuesta incorrecta: el alumno demuestra desconocer casi todo sobre la materia a la que apunta la pregunta. Pero, poéticamente, es una respuesta sincera y luminosa. Provoca en el espectador —en mi persona— ese efecto dramático que Aristóteles llamaba «agnición» o «reconocimiento» súbito de lo que está en juego en la vida del protagonista —el alumno— .




