martes, 18 de diciembre de 2018

Origen y sentido del regalo: ¿El Corte Inglés?

«Sólo si es una tertulia». Era la condición para que Chema Alejos y yo nos animáramos a conversar durante una hora sobre un tema tan difícil. La gracia de la tertulia está en que quienes hablan no son expertos en el tema, sino que tratan de tener una conversación inteligente, de aprender a pensar en compañía. Incluso con esa advertencia, el título del coloquio en la U-Shop de la UFV nos presionaba: Origen y sentido del regalo. En un buen lío nos había metido nuestra querida Gemma. Menos mal que un buen número de alumnos –teniendo en cuenta que empiezan los exámenes- y unos cuantos colegas de la universidad, vinieron a echarnos una mano. Fue el 12.12.2018, a las dos en punto de la tarde.

«Empecemos por poner los tópicos sobre la mesa. ¿Qué es regalar?», dije. Benditos alumnos. Allí estaban, respondiendo. «Una acción por la que se da algo a alguien». «Ese algo debe ser significativo». «No es tanto lo que regalas, como el hecho de regalar». «Muchas veces es como un gesto, un detalle con el otro». «Muchos regalos son un símbolo: hay algo material, pero se hace para entregar algo inmaterial». «A veces, lo que no sabemos o logramos decir con palabras, lo hacemos con un regalo». «Hay una sorpresa». «No tanto el regalo, sino el acto de regalar: es una sorpresa, un acto inesperado». «Es algo libre, no necesario; no hay por qué regalar y, sin embargo, lo haces». «Es la gratuidad lo que es bonito del regalo». «Bueno, ya no es tanto así. Ahora, en Reyes, hay que regalar sí o sí. Se ha vuelto algo obligatorio». «Regalar ha perdido su sentido, porque ya no lo haces porque quieres, ni te sientes especialmente regalado cuando te dan algo». «Parece un invento del Corte Inglés para incitar al consumo, para obligarnos a todos a gastar dinero».

jueves, 6 de diciembre de 2018

El papel de la imaginación en la filosofía de Julián Marías

José Ortega y Gasset definió al hombre como un «centauro ontológico». Su discípulo Julián Marías, sensible al poder de la imaginación y promotor del papel de las mujeres en su tiempo, definió a la mujer como una «sirena ontológica». En ambos casos, subrayan la peculiaridad tan propia del ser humano como «animal de irrealidades», como esa criatura que no sólo es capaz de imaginar lo que no existe, sino que además necesita hacerlo para dar sentido a su vida.

La imaginación juega en la filosofía de Julián Marías un papel especulativo, relacionado con la posibilidad del hombre para buscar, encontrar y relacionarse con la verdad. La imaginación juega en su filosofía un papel ético, pues el ser humano, «ser futurizo», necesita proyectar imaginativamente su futuro para dar sentido a su vida, acertar en sus decisiones y prever las consecuencias de sus acciones. Finalmente, la imaginación juega un papel creativo, estético, en cuanto que le permite al hombre crear imágenes, historias, mundos posibles irreales que sin embargo inspiran y revelan verdades invisibles, pero fundamentales para el ser humano.

Conocer la realidad, proyectar el futuro, inventar poéticamente realidades inexistentes… parecen actividades humanas muy distintas, propias de personalidades también distintas: el teórico, el ético y el artista. La actual fragmentación de saberes y la especialización de las profesiones las separan todavía más. Sin embargo, es ya un sentir común tanto en el ámbito académico como en el profesional que esas tres capacidades deben trabajar juntas, pues se potencian mutuamente. Si la imaginación juega un papel decisivo en esos tres ámbitos… ¿será la imaginación una facultad clave para superar la fragmentación de saberes?

lunes, 22 de octubre de 2018

El Principito y la imaginación de lo invisible

Fragmento de una de las ilustraciones originales de Saint-Exupery para El Principito.
Aprendí a leer El Principito de manos de un buen maestro, quien me capacitó para descubrir en esa pequeña obrita nuevas perspectivas que iluminan mi propia vida. El verdadero maestro no sólo nos comparte su visión; también nos enseña a mirar por nosotros mismos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

¿Qué perdemos al decir «migrantes» donde antes decíamos «inmigrantes»?

Dhanbad, Bihar State, India, 1989. La imagen, de Sebastiao Salgado, forma parte de su proyecto Éxodos.


Desde hace unos meses se escucha con frecuencia en los medios de comunicación la palabra «migrante», en detrimento de las más habituales «inmigrante» y «emigrante». El cambio ha sido repentino y bastante globalizado, como si buena parte de los medios de comunicación españoles hubieran reescrito simultáneamente sus libros de estilo respecto de esta cuestión.

Los cambios de vocabulario –especialmente los que se producen de forma tan repentina y acordada- no son accidentales. Responden a una estrategia precisa sobre un cambio de mentalidad. Cambiar el lenguaje es cambiar el medio –y el modo- en que pensamos las cosas. Así que de inmediato me puse a pensar qué podría provocar este cambio de vocabulario y no me fue difícil formular mi primera hipótesis: «inmigrante», en castellano, es una palabra cargada de connotaciones negativas mientras que «migrante» parece más neutra. La razón vendría impulsada por esa punzante búsqueda de un lenguaje políticamente correcto.

jueves, 12 de julio de 2018

Narciso, el «postureo» y la fotografía

David Octavius Hill, En el cementerio, Edimburgo, 1845.
Imagen original, no editada, en el Moma

«Ninguna obra de arte se contempla en nuestro tiempo con tanta atención como los retratos de uno mismo, de los parientes próximos y amigos, y de la amada». Piensa cuándo fue la última vez que contemplaste una obra de arte con cierta intimidad, detenimiento, atención. Y durante cuánto tiempo. Piensa ahora en la última vez que viste una fotografía tuya o de alguien conocido, quizá en el móvil, quizá en alguna red social. Y si la miraste con mayor intimidad, detenimiento, atención o silencio que aquella obra de arte. La frase citada arriba es del historiador de Arte Alfred Lichtwark. La escribió en 1907.