lunes, 8 de noviembre de 2021

¿Cómo escoger qué libros leer?

Fotografía por cortesía de Malte Luk

Hay mucho bueno que leer como para perder demasiado el tiempo en lecturas prescindibles. ¿Qué elegir? ¿Qué entiende Quevedo por doctos libros? Él nos da al menos cuatro criterios:
  • Pocos: es decir, rechacemos la sed de libros, huyamos de la bulimia que afecta a tantos lectores voraces a quienes poco aprovecha lo que leen, porque lo olvida todo, o lo mezclan todo. «Escoger los libros y escoger en los libros», enseña A-D. Sertillanges.
  • Doctos: es decir, obra de autores sabios, cultivados.
  • Difuntos. Frente a las novedades editoriales, las críticas de prensa, los títulos de ocasión –no es que nada de esto sea malo, pero es menos fiable, más oportunista-, confiemos en las obras que han superado la criba de los tiempos, que la sabia tradición ha decidido conversar por algo.
  • Si no siempre entendidos, siempre abiertos: aquellos cuyo secreto no se nos regala a la primera, pero que nos invitan a no cerrarlos nunca, pues lo mucho o poco que sacamos de ellos…
  • Nos despiertan y mejoran: enmiendan o fecundan nuestros asuntos, traen una voz que nos despierta de las opiniones y modas: nos ponen frente a las verdades universales. 
No lo dice expresamente, pero se intuyen otros dos criterios:

  • Los que nos muestran, a su modo, lo eterno.
  • Los que contienen «el espesor de muchos hombres» (Kenneth Clark, ¿Qué es una obra maesra, Icaria, Barcelona, 1980, 11). Es decir que no sólo son el espejo de un alma, sino un mapa del mundo; no la voz de un hombre, sino del Hombre.
Naturalmente, no son estos los únicos libros que podemos o debemos leer. Por necesidad, trabajo, estudio o distracción, será necesario o conveniente enfrentarse a otros. Pero tocaba hablar hoy, por esta vez, de los mejores.

martes, 26 de octubre de 2021

El reconocimiento de lo sagrado en la teoría de los mundos posibles poéticos

Fotograma de Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989).

La perspectiva de estudio que ofrecen los mundos posibles está plenamente instalada en literatura desde hace décadas. El interés de estos autores era el de superar los límites del formalismo y del estructuralismo al prometer un mayor énfasis en el “mundo del texto” y las “verdades” en él contenidas, frente a la mera estructura del texto. Sin embargo, “mundo” y “verdad” se dicen en muchos sentidos, también entre los diversos teóricos que podemos adscribir a esta joven tradición. Si bien algunos de estos autores cuestionan la ontología del mundo ficcional como nota distintiva entre diversos géneros literarios (realista y fantástico, por ejemplo), no suelen cuestionar sus propios presupuestos ontológicos y gnoseológicos sobre el mundo real, a pesar de que eso condiciona el desarrollo de sus planteamientos. Por ejemplo: la aparición de “lo sagrado” en una novela, ¿determina que ésta pertenezca al género de Fantasía, o puede, más bien, presentarse como una obra marcadamente realista?

jueves, 22 de julio de 2021

Cada imagen es un mundo

Los capítulos que componen esta obra colectiva exploran diversos objetos culturales (fotografías, series y películas de ficción, documentales, videojuegos, cómics) fruto de la imaginación humana. Como objetos culturales, son «medios expresivos» cuya dimensión sensible, reconocible por cualquiera, ejerce una primera mediación entre autor y espectador (poeta y teórico, diría el griego). Pero esas imágenes sensibles están compuestas de tal modo que alumbran una cierta cosmovisión –imagen racional y deliberativa– conectada con todo un mundo –el nuestro– en cuya interpretación intervenimos todos, y lo hacemos juntos en la medida en que entramos en diálogo con las mismas obras.

Al participar en ese diálogo ensayamos nuestra potencia especulativa (de pensar, teorizar o imaginar diversas interpretaciones posibles, verosímiles o necesarias de aquello que observamos) y nuestra potencia práctica (de imaginar y proyectar diversas posibilidades de acción para obtener un bien y realizar nuestra propia vida). Así, al revisar en diálogo crítico nuestra imagen del mundo, estaremos prevenidos para evitar naufragar en nuestra circunstancia y procurarnos una navegación favorable a nuestro destino.

martes, 1 de diciembre de 2020

Patria: ficción y agentes sociales

En el Grupo Estable de Investigación Imaginación y Mundos Posibles nos dedicamos a investigar las posibilidades de la ficción como medio para la reflexión y la acción social. Cuando supimos que Patria (Fernando Aramburu, 2014) iba a ser adaptada a mini serie de televisión por HBO España (Aitor Gabilondo, 2020), sospechamos que el asunto daría de qué hablar y que la reflexión y la toma de postura de la sociedad española en relación con el terrorismo de ETA y sus víctimas recobraría interés en el debate público, a raíz de una ficción.

Patria no es, además, la única referencia audiovisual reciente a aquel periodo de nuestra historia. A lo largo de estos meses se ha estrenado La línea Invisible, El Final del silencio (ambas en Movistar+) y El desafío: ETA (Amazon Prime). Parece que inauguramos una nueva fase en el debate público sobre aquel episodio de nuestra historia, y que la ficción, además del documental, se nos presenta como un medio propicio para alentar esa reflexión.

Muchas personas tienen ya una postura bastante definida sobre este asunto, que parece además cosa del pasado. Pero las consecuencias del terrorismo pesan hoy en el presente del País Vasco y del conjunto de España, a menudo de forma indirecta, aunque la mayoría de nosotros no estemos al tanto, por ejemplo, de las políticas penitenciarias, del cuidado de las víctimas, de los casos sin resolver, etc. Y en este hoy en el que las heridas provocadas por la violencia siguen abiertas, contamos con una inmensa mayoría de jóvenes que no saben hoy apenas nada de ETA.

sábado, 10 de octubre de 2020

‘El Principito’ y la imaginación de lo invisible

Ilustración de Antoine de Saint-Exupéry para El Principito

Muchos estudiosos defienden que la Fantasía como género moderno surge como un cuestionamiento de la categoría de «realidad». Parten de esta constatación: el sentido común de una época considera «reales» una serie de cosas e «irreales», «falsas» o «imposibles» otra serie de cosas. Según ellos, el género fantástico juega a introducir en ese «sentido común» lo que se considera irreal, falso o imposible y lo hace aparecer como verdadero, eficaz, poderoso. De esta forma, en esas obras, el considerado orden natural de las cosas se ve amenazado o alterado… y precisamente en lo que provoca en la obra –y en el lector– esa alteración, residiría lo específico de lo fantástico.