domingo, 13 de octubre de 2013

Cómo entrenar la atención para vivir creativamente

Ricard Terré, Sant Boi de Llobregat, 1956.

Escribió Jaime Balmes en El criterio que la atención es «la aplicación de la mente a un objeto» y que la mayor parte de nuestros errores no son por carecer de inteligencia, sino por falta de atención. La idea de este artículo es mostrar que al entrenar la atención, maduramos la inteligencia, y que una inteligencia madura nos ayuda a vivir creativamente.

La falta de atención acumula en nuestra mente apreciaciones inexactas que, lejos de ordenarse y ayudarse mutuamente, se mezclan, funden, confunden, borran y embrollan entre unas y otras. Sin atención, lo que llamamos “nuestro conocimiento”, eso con lo que medimos la realidad y al que acudimos para tomar decisiones, se torna ligero, superficial, inexacto o totalmente equivocado. Una atención deficiente genera un conocimiento y una memoria deficientes. Desde ahí, nuestras elecciones y decisiones son más precarias e inseguras, posiblemente imprudentes o, en el mejor de los casos, mecánicas.

Nicholas Carr, en Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, sostiene que las nuevas tecnologías nos seducen y esclavizan. Carr sostiene que herramientas como Google nos da una falsa sensación de cultura al emborracharnos de información, pero mantiene nuestro pensamiento en la dispersión y la superficialidad, anula nuestra capacidad de profundizar, de permanecer solitarios y concentrados durante largo tiempo en una tarea. El análisis de Carr, grosso modo, me parece oportuno. Sin embargo, creo que confunde la atención con la gimnasia intelectual, y en eso debo distanciarme de él.

La atención no exige fatiga, fijeza, intensidad, abstracción, continuidad, aislamiento… No necesariamente es trabajosa, salvo cuando la mente deba ocuparse en algo trabajoso. Precisamente esa idea de la atención como algo arduo y difícil, monotemático y dilatadísimo en el tiempo, ha desprestigiado su hermoso y sencillo sentido. Permanecer reconcentrado en los propios pensamientos no es atender, sino lo contrario. Fijarse en una sola cosa y olvidar todo lo demás es sólo un tipo de atención y no siempre el más oportuno.

La atención no nos impide aplicar la mente a varios objetos. Lo contrario de la atención no es el dinamismo, sino la falta de reposo en las realidades contempladas. Y uno puede centrar su atención en varios objetos, moviéndola al ritmo que ellos demandan, dejándose llevar por sus mutuas implicaciones, adivinando y confirmando relaciones ocultas... al modo en como contemplamos un gran cuadro. La verdadera atención no es rígida, sino flexible. Nos invita a fluir con la realidad. Nos permite pasar sin esfuerzo de unas tareas a otras. Esa maravillosa sensación de que el tiempo vuela cuando disfrutamos de un buen libro, o de un concierto, son fruto de la atención. Cuando estamos atentos, el tiempo cronológico no se alarga; más bien desaparece. Un indicador de que ya no atendemos a nada en concreto es la aparición del aburrimiento. El ruido del segundero. El atento no se aburre y quien se aburre no está atento.

Es una falsedad de consecuencias terribles pensar que nuestra mente descansa en el no pensar. No pensar no es descanso para la mente, sino pesadilla. Nuestra mente descansa no cuando deja de pensar, sino cuando deja de pensar problemáticamente y se limita a observar realidades sencillas. En lo sencillo puede la inteligencia descansar la atención, que no es lo mismo que descansar de atender. Pasear entre la naturaleza, fijar la mirada en las estrellas, contemplar un cuadro, escuchar y sentir nuestro propio cuerpo… Así descansa la atención en lo sencillo, y descansa también nuestra mente y nuestro espíritu.

Formar la atención multiplica las fuerzas y capacidades personales. Nos permite vivir con mayor intensidad; atesorar más y mejores ideas, que percibimos con claridad y exactitud; recordar todo con más facilidad; ordenar mejor nuestra memoria. No hay lectura, conversación, espectáculo o realidad alguna que no nos aproveche si sabemos atenderla.

Quizá se vea mejor qué significa estar atentos si recogemos el significado de esa expresión en la vida social: una persona atenta es una persona educada, que está pendiente de los demás; y todos reconocemos en la desatención -propia de esa persona que está sólo a lo suyo o que parece no estar en nada- una terrible falta de educación. Así entendida, entrenarnos para ser atentos enriquece nuestra vida interior, madura nuestra inteligencia y nos hace personal y socialmente más creativos.

...

Este artículo pertenece a la serie #CrearEnUnoMismo y revisa otro publicado anteriormente en LaSemana.es.

6 comentarios:

  1. Vía Javier Serrano Puche en Twitter (@jasepuch) encuentro otro artículo sobre la atención publicado por Pacho Sánchez en La Voz de Galicia el 12/10/2013. Complementa bien lo que digo aquí. Cito un párrafo, para abrir boca, y añado el enlace al artículo completo:

    "Dice el Diccionario que atender es «mirar por alguien», definición sabrosa que abarca de algún modo todos los demás significados: mirar por alguien en el sentido de cuidarlo y en el sentido de estar pendiente o prestar atención. Atender compromete los cinco sentidos y, además, la inteligencia, la imaginación y la memoria. Atender es un verbo de acogida y de entrega. Implica recibir al otro y ponerse en su lugar, querer entenderlo como él mismo se entiende, para ayudarle, para permitir que nos ayude o ambas cosas a la vez. Padres e hijos se atienden de manera diferente a como se atienden profesores y alumnos o médicos y pacientes".

    En: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2013/10/12/atender/0003_201310H12P68992.htm

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    1. Más aportes de @jasepuch a esta cuestión que no puedo dejar de recomendarte:

      "Atención, silencio", de Antonio Muñoz Molina en "El País" (14-11-2009):
      http://elpais.com/diario/2009/11/14/babelia/1258161137_850215.html

      "Cómo la tecnología está consiguiendo que dejemos de mirarnos a los ojos", de Carolyn Gregoire en "The Huffington Post" (14-10-2013):
      http://www.huffingtonpost.es/2013/10/11/tecnologia-contacto-visua_n_4083515.html?utm_hp_ref=tw

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  2. http://www.herdereditorial.com/obras/2393/teologia-y-sensatez/
    Hola Álvaro, en esta obra de Sheed se aborda el problema de la falta de atención en las personas y de todos los problemas que eso origina. Muy bueno tu artículo, te felicito. Un abrazo.

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    1. Me parece muy interesante... me haré con él. Gracias!

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  3. Genial. Me ha encantado el artículo y han comenzado a venir inmediatamente cosas a la mente (y al corazón). Incluiría, aunque está implícito, que la creatividad está vinculada a la atención por la capacidad de captar la analogía de las cosas, una amplitud de entender los universales y de profundizar en el misterio de la relación.
    En las definiciones echo de menos la implicación del corazón, pues en la atención de las cosas no hay sólo una implicación intelectual, sino personal.
    Ortega y Gasset diría que quien no piensa se animaliza y, en su pasividad, se duerme (metafóricamente y realmente).
    Y no me resisto... "Olvido de lo criado / memoria del Creador / atención a lo interior / y estarse amando al Amado"

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    1. ¡Grande Vitxu! Ortega tiene unas palabras preciosas sobre la atención que es "nexo de amor", casi en tono agustiniano, creo que en la introducción a sus Meditaciones sobre el Quijote. Y esos versos de San Juan... :)

      Efectivamente, la atención y la creatividad se relacionan bien gracias a la analogía y, en otro orden, al reconocimiento de lo simbólico presente en toda realidad. "El mundo entero es una metáfora de otra cosa", le decía "El cartero" a Pablo Neruda.

      No sé si puede haber atención sin corazón (o cómo se podría expresar eso adecuadamente); sí coincido contigo en que la buena atención es cordial, que atender bien es principio de amor, y por ahí iba yo con el ejemplo de lo que significa ser "una persona atenta" en el contexto de la vida social. Y no diré que no pensaba en ti, junto con algunos otros pocos, como un gran ejemplo de lo que significa "una persona atenta". ;)

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