jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Por qué Filosofía?

Portada del libro ¿Por qué filosofía?
«Si preguntamos a un arquitecto “¿para qué sirve la Arquitectura?”, o a un médico “¿para qué sirve la Medicina?”, nuestras preguntas resultarán impertinentes y pareceremos ignorantes. Sin embargo, esas eran las preguntas típicas de Sócrates, quien hacía gala de su ignorancia y resultaba tan impertinente que sus conciudadanos decidieron condenarle a muerte. El martirio es, desde antiguo, una posibilidad con la que el humanista debe contar y no son pocos los que resumen la historia de la Filosofía, con Miguel García-Baró, como una gran meditación en torno a la muerte de Sócrates.

Si preguntamos a un filósofo “¿para qué sirve la Filosofía?”, lo más probable es que alce las cejas, aclare su voz e improvise una conferencia no ya sobre el sentido de la Filosofía, sino también sobre el sentido de la Medicina e, incluso, de la Arquitectura. La razón de esto es que la eterna pregunta sobre la utilidad de la filosofía encierra una trampa semántica.

Si la expresión para qué sirve la filosofía significa algo así como qué efectos, resultados o cambios voy a lograr filosofando, mi respuesta sería, como la de innumerables sabios: “La filosofía no sirve para nada”. Preguntado desde esta actitud, que Romano Guardini llamaba “voluntad de dominio”, yo defendería la inutilidad de la Filosofía. Porque cuando convertimos la ideas en “una palanca de transformación social” (Daniel Bell) es muy posible que ya no estemos haciendo Filosofía, sino ideología. Sin embargo, si entendemos la expresión para qué sirve desde una “voluntad de sentido”, es decir, si preguntamos: “¿Tiene sentido hacer filosofía?” Mi respuesta es, como la de los ya invocados sabios, “sí, tiene todo el sentido”.

Si Sócrates nos estuviera escuchando ahora y le preguntáramos, nos diría lo que casi con estas palabras dijo en su tiempo: que la Filosofía sirve para lo mismo que la Arquitectura o la Medicina, solo que no en el plano del cuerpo, sino del alma. Es decir, que la Filosofía sirve para edificar nuestra humanidad o para cuidar, sanar y consolar nuestro espíritu (véase el Cármides, de Platón). Y si preguntáramos a grandes médicos y arquitectos de no hace mucho tiempo (Gregorio Marañón o Le Corbusier, por ejemplo) nos dirían que ellos se sienten en cierto modo filósofos. ¿Y eso? Pues es sencillo: necesitaban reflexionar sobre el sentido de su profesión en el marco más amplio de su vocación personal, y sabían bien que la Filosofía sirve –o debe servir- para preguntarse amorosa y rigurosamente por el sentido que cualquier cosa tiene en relación con nuestra propia vida. “Dado un hecho –un hombre, un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor–, llevarlo por el camino más corto a la plenitud de su significado”, escribió Ortega y Gasset en 1914, explicando el eros, el movimiento original que inspira toda auténtica filosofía.

Hubo un tiempo en que la Filosofía y cualquier profesión estaban íntimamente unidas. Eso hacía grandes no sólo a la Filosofía y a la profesión, sino, sobre todo, a las personas, tanto a los profesionales-filósofos, como a los que disfrutaban y se beneficiaban, física y espiritualmente, de su sabiduría y sus obras».

Así empieza el artículo que escribí para la obra colectiva ¿Por qué filosofía?, coordinada por Javier Hernández Ruiz y David González Niñerola desde la Asamblea de Filosofía de Valencia. Supe de este proyecto por mi colega Antonio Sastre. A los tres agradezco que mi voz pueda sumarse a la de otros alumnos y profesores, de bachillerato y universitarios, que allí escriben.

¿Por qué filosofía? será presentado el 19 de enero en el Monasterio de San Miguel de los Reyes (Avenida de la Constitución 284, Valencia). Aún desconocemos la hora, así que publicaré un recordatorio cuando tenga más información.

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