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| Imagen generada por Abellán-García con Nanobanana pro (19.02.2026). |
¡Ah, los exámenes! Con frecuencia provocan una tensión aguda en los alumnos y un soberano aburrimiento en los profesores. Yo procuro diseñarlos para el disfrute de los alumnos. Primero, por ellos: uno de los secretos de la vida feliz consiste en disfrutar lúdica o deportivamente de los obstáculos que encontramos en la vida. Otro secreto de la vida feliz consiste en disfrutar del aprendizaje y de la comunicación —en este caso al profesor— de lo que hemos aprendido. Segundo, por mí, hago así los exámenes en beneficio propio. El disfrute se contagia y yo quiero disfrutar del disfrute de mis alumnos.
Hoy, corrigiendo unos exámenes de alumnos de 1º de Grado, encontré una respuesta maravillosa. Funcionalmente, es una respuesta incorrecta: el alumno demuestra desconocer casi todo sobre la materia a la que apunta la pregunta. Pero, poéticamente, es una respuesta sincera y luminosa. Provoca en el espectador —en mi persona— ese efecto dramático que Aristóteles llamaba «agnición» o «reconocimiento» súbito de lo que está en juego en la vida del protagonista —el alumno— .
Ésta era la pregunta: «Enumera los 12 descubrimientos». El alumno, por el contexto de la asignatura, no necesitaba más indicaciones. Si el lector quiere adquirir más contexto, le invito a leer Descubrir la grandeza la vida, del filósofo y pedagogo Alfonso López Quintás.
Atentos a la respuesta: «La verdad es que no me acuerdo de los 12 descubrimientos, pero sé que siguiéndolos podemos llegar a una vida plena». ¡Ahí está! Un caso ejemplar de la radical desconexión entre estudio y vida. Pero, como sugiere Jack el destripador, «vayamos por partes».
Primera parte de la respuesta: «La verdad es que no me acuerdo». Es una afirmación sincera, algo muy de agradecer en contextos de evaluación. Es más, es una confesión. El alumno se confiesa ante el profesor, rompiendo la barrera objetivante, impersonal y anónima del examen. Ahí empieza, por mi parte, el disfrute, no porque el alumno no sepa —eso es doloroso— sino porque el alumno habla en primera persona de sí mismo y se dirige personalmente al profesor. Ahí hay vida. Hay humanidad. Hoy día, no es poco. Es más: es el principio de todo lo importante, el lugar donde la vida se ensancha.
Vamos con la segunda parte de la respuesta: «sé que siguiéndolos podemos llegar a una vida plena». Aquí, lo primero, es reconocer que el alumno sabe algo. De hecho, lo que sabe es crucial o, al menos, a mí me lo parece. El alumno sabe dónde está —al menos teóricamente— el camino para una vida plena.
Ahora, la síntesis. La segunda parte de la respuesta arroja luz sobre la primera, la hace verdaderamente dramática. Porque no acordarse de algo intrascendente puede no ser importante. Incluso, no acordarse de una respuesta cualquiera a un examen cualquiera, tiene algo de drama, pero habitualmente nos podemos sobreponer a él. Ahora bien: ¿Cómo es que hemos olvidado el secreto para alcanzar una vida plena? ¿Lo supimos, y lo olvidamos! Hay aquí, en germen, una gran novela. Quizá hay, in nuce, un poema trágico y animado sobre este preciso momento de nuestra historia.
Pero lo más inmediato que encontramos es una verdad terrible: la desconexión entre el estudio y la propia vida. 1º: Se nos propone estudiar el secreto de la vida. 2º: Nos damos cuenta de que se nos propone eso. 3º: Olvidamos el contenido de la propuesta. ¡Qué desconexión tan alarmante entre los exámenes reglados y el examen de verdad, el examen de la vida! De esto me hago parcialmente responsable yo, al menos en lo que compete a mi trato personal con mis alumnos. Pero la cosa, creo, apunta a un drama de mayor envergadura.
Hay, por último, en esta maravillosa respuesta, una oportunidad para «la gran conversación» con mis alumnos. Este será el tema de nuestra próxima clase.

Qué difícil para el profesor tender ese puente entre el estudio y la vida... acaso pueda morir en el intento pero si el alumno no quiere cruzarlo, por mucho que haga el profesor...
ResponderEliminarA veces el alumno no quiere; y yo lo respeto, y por eso mismo le invito a reflexionar sobre lo que está haciendo con su vida. A veces el alumno no sabe; y a eso me entrego.
EliminarSuspenso en la asignatura y también en la vida
ResponderEliminarSe trababa sólo de una pregunta de tanteo, con poco peso, consecuencia de otras preguntas anteriores y preparación para las siguientes. En conjunto, el examen no era malo. Hacia el final, había un ejercicio práctico. Un estudio de caso que contenía algo parecido a tu respuesta a esta entrada. Se mostraba allí cómo las redes sociales propician la emisión anónima de juicios sobre terceras personas muy duros y poco contextualizados. Gracias por tu comentario, nos dará ocasión para retomar este tema el martes.
EliminarExámenes interesantes: qué buena senda. Ir a lo esencial también. Aunque como discípulo de LQ creo que recordar mínimamente esos descubrimientos da una gran luz a nuestra vida...
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