lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Por qué los periodistas valoramos tanto las exclusivas?



La confirmación de la muerte de Osama Bin Laden unos minutos antes de que la Casa Blanca lo haga oficial es el trasfondo que mantiene la tensión dramática en el capítulo siete de la primera temporada de The Newsroom. Mac, la productora de Noticias Noche 2.0., suspende la fiesta en la que toda la redacción celebraba el primer aniversario del programa para tratar de adelantarse al anuncio oficial.

¿Tiene sentido dejarlo todo para ser el primero en dar una información que todo el mundo conocerá apenas cinco minutos después? El guión recoge esta pregunta, aunque a mi juicio cierra el debate demasiado pronto y con una dosis de idealismo exagerada hasta para el propio Aaron Sorkin:
«Charlie: “El presidente nos contará lo que ocurre a las 10:30, según el comunicado. ¿Qué ventaja tiene publicarlo cinco minutos antes?”.
Mac: “América cree que Bin Laden está vivo. Si puedo matarlo un minuto antes toda mi carrera periodística hasta este momento habrá valido la pena”.
Charlie: “Entiendo”». (The Newsroom, 1x07).
El concepto de exclusiva tiene en el mundo del Periodismo una gran importancia, tanto objetiva como subjetiva. Subjetivamente, hay un cierto placer, natural y sano, en ser el primero en descubrir algo que todos queremos o necesitamos saber… a ese placer se suma otro, quizá hasta más gozoso: ser el primero en contarlo. Si vemos las cosas con hondura, no se trata sólo de una cuestión de tiempo, sino, tal y como dice la palabra, de exclusividad. Tiene que ver con que sea un descubrimiento propio, no sólo en el sentido de realizarlo en primera persona, sino también de que lo hemos realizado nosotros, y no otros. El carácter de exclusiva ha tenido siempre –aunque la digitalización de la información ha cambiado la percepción de esto- el de una averiguación que sólo una persona o un medio ha podido hacer… de forma que el resto han de limitarse a lo que dice ese medio o ese periodista. Debemos añadir a todo esto que ese placer subjetivo, propio del periodista o el medio que da la exclusiva, se traslada también su público fiel. “Los que leemos a… somos los únicos que nos enteramos de…”.

The Newsroom, 1x07.
Además de estas razones subjetivas, hay también razones objetivas, que influyen en lo objetivo. Para los periodistas y los medios de comunicación publicar exclusivas significa diferenciarse competitivamente y, muchas veces, alcanzar la necesaria rentabilidad del proyecto. El caso más fácil de ver –aunque no el más edificante- es el de la prensa rosa, pero no es el único, ni el de mayor trascendencia. Hay muchas ocasiones en que obtener una información lo antes posible, o ser el primero en acceder a ella (y no hablo aquí de información privilegiada, sino de permanecer alerta), está más que justificado. Los vaivenes de las cotizaciones bursátiles son un buen ejemplo.

Sería simplificar la cuestión tachar como negativas, egocéntricas u oportunistas estas razones. Pertenece a la naturaleza humana -y al quehacer comunicativo- ser original, aportar algo propio, tener algo que decir que no pueden decir los otros. El problema no está ahí, sino en absolutizar esa pretensión como si fuera lo único o lo más importante y convertirlo en una obsesión.

Cuando la pretensión de ser el primero, de llegar el primero o de enterarse el primero se absolutiza, entonces lo que era un criterio se transforma en una obsesión enfermiza y contraproducente. Lamentablemente, nuestra época rebosa ejemplos de esto y la aceleración que los medios de transporte y las tecnologías de la comunicación han introducido en nuestras vidas puede ser una de las causas.

En el ámbito del Periodismo, ya puse un ejemplo de esto cuando te compartía esa anécdota con mis alumnos mientras analizábamos Atrapado en el tiempo y uno de ellos anunció, precipitadamente, la muerte de Hugo Chávez.

Aún hay un tercer aspecto sobre la exclusividad que apenas empieza a ser explorado por los teóricos del Periodismo. Me refiero a la exclusividad que es propia de la inteligencia, sensibilidad, experiencia y personalidad del periodista. Si hoy la información es fácil y rápidamente accesible para una gran mayoría de personas, ¿qué otra cosa, sino el factor humano, puede convertir una información en un valor único e irrepetible?

¿No estaremos exagerando, Mac la primera, el valor que le damos a enterarnos de algunas cosas un minuto antes que el resto del mundo? Para volver a conectar con esas maravillosas sensaciones subjetivas de conseguir y dar la exclusiva, te animo a ver el vídeo que encabeza esta entrada.

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