lunes, 23 de abril de 2018

Ningún hombre es una isla (es un archipiélago)

Fotograma de Un niño grande (About a Boy, 2002)

«Ningún hombre es una isla», reza una canción de John Bon Jovi sobre la que pivota el argumento de la película Un niño grande (About a Boy, Chris y Paul Weitz, 2002). El protagonista, Will Freeman (Hugh Grant), sostiene la tesis contraria: él dice ser una isla perfecta, pues no depende de nadie ni quiere que nadie dependa de él. Vive de las rentas, al margen del mundo, pagando por todo lo que le hace tener una vida placentera y, eso sí, ligando con mujeres que no le exijan compromiso alguno. Freeman: ser hombre libre es no tener ataduras. Evidentemente, esta idea es falsa; y vivir sin ataduras, sin vínculos estables, si no fuera imposible, sería en todo caso inconveniente.

El antagonista de Will Freeman es Marcus Brewer (Nicholas Hoult), un niño de 12 años que no puede permitirse el lujo de vivir en una burbuja ficticia. Marcus fue abandonado por su padre y su madre tiene tendencias suicidas. Aprenderá de la relación son su madre que ambos se necesitan y que deben cuidarse mutuamente. Ahora bien: descubre que cuando uno de los dos falla, el otro se queda solo. La conclusión es sencilla: para que la familia funcione hacen falta más de dos. De ahí que, cuando conoce a Will, decide obligarle a ser amigo de la familia.

Will  aprenderá la extraña sensación de felicidad que supone hacer algo por otra persona sin buscar nada a cambio. Aprenderá que las mentiras impiden la relación humana auténtica. Aprenderá que el amor es más interesante que el sexo. Aprenderá que uno ya no es ni quiere ser una isla cuando está verdaderamente enamorado. Aprenderá que la felicidad sólo es posible cuando no somos islas.

La tesis final de la película no es exactamente que «ningún hombre es una isla», sino que, siendo islas, parece mejor convivir como «archipiélagos». Convendría recordar que la cita de John Bon Jovi remite a un poema de John Donne, quien sostiene: «Ningún hombre es una isla, algo completo por sí mismo; todo hombre es parte del continente». Sólo allí donde los hombres se reconocen dependientes, limitados, necesitados de otros y abiertos a ayudar a otros, podemos edificar ese lugar donde la vida se ensancha.



Este artículo fue publicado originalmente en LaSemana.es y pertenece a la serie #TúTambién.

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