sábado, 27 de julio de 2013

«Oiga doctor, devuélvame mi rebeldía»

Retrato de Joaquín Sabina fumando, Fb oficial.
Aunque sea hacerle de menos como músico, hay que subrayar la fuerza de Sabina como poeta. Una de sus letras, Oiga doctor, me inspiró este Crear en uno mismo. En aquella canción, Sabina se queja de su felicidad y le pide al doctor que le devuelva su frustración, su fracaso, su rebeldía, su pasión. Sin ellas, ya no es él mismo, sino sólo su «caricatura». ¿De veras quiere convencernos Sabina de que la rebeldía forma parte esencial de la vida creativa?

Con su genial ironía, Sabina juega con el doble sentido de algunas palabras que normalmente asociamos a algo malo, y que él demanda como las auténticamente humanas. Objetivamente hablando, nadie puede desear el fracaso, el dolor, la depresión o la frustración. Sin embargo, cuando esas pasiones no nos dominan no sólo no son algo malo, sino que manifiestan dos cosas muy buenas. La primera, que estamos vivos; la segunda, que soñamos con algo mejor de lo que tenemos.

Sabina dice: «Oiga doctor, que no escribo una nota desde que soy feliz»; y esa noticia es habitual entre los creadores. Recuerdo que Juan Manuel de Prada me dijo una vez que es la «insatisfacción» el motor de todo artista, y que un artista satisfecho carece de motivos para escribir. Gregorio Marañón sostiene que la rebeldía es la virtud por excelencia de la juventud. Pero no una rebeldía sin causa, sino la rebeldía como «esa generosa inadaptación a las imperfecciones de la vida» que lleva a los jóvenes a luchar por un mundo más justo.

Steve Jobs dijo a los universitarios de Stanford que todas las mañanas se miraba al espejo preguntándose si quería hacer lo que ese día debía afrontar. Y que cuando varios días seguidos su respuesta era «no», sabía que debía hacer algún cambio. Gracias a Dios, se dijo muchos días «no», e hizo grandes cambios que han trasformado nuestra vida cotidiana en los últimos 30 años.

Cualquier creativo enseña que su secreto es ver el error no como oportunidad para la condena, sino para el aprendizaje y la superación. Sócrates, el sabio más grande de la Antigüedad, buscaba siempre conversar con quienes tenían fama de competentes, con la esperanza de ser corregido y aprender, cada día, algo nuevo: «Pobre del hombre que no ha sido refutado nunca -le dijo a Gorgias-, pues su alma permanecerá impura».

Todas estas sensaciones (insatisfacción, fracaso, debilidad, dolor, tristeza, incomprensión…) debemos entenderlas como una señal del alma de que algo no marcha bien, de que algo debemos cambiar. Bien entendidas, todas ellas son un termómetro de nuestra sensibilidad hacia las imperfecciones, y un motor interior para que cada uno de nosotros tomemos decisiones que nos permitan crear algo mejor, empezando por crearlo dentro de nosotros mismos.

¿Has detectado qué causas inspiran tus arrebatos de rebeldía?

Aquí te dejo con Joaquín Sabina, algo más joven que en la foto de arriba, interpretando en directo Oiga doctor:



[Aunque aquí ha sido reescrito, puedes encontrar la primera versión de este artículo en LaSemana.es]

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