lunes, 25 de noviembre de 2019

Cinco consejos para dejarte domesticar por buenos libros

On Reading (París, 1929), fotografía de André Kertész.
Me pregunta un alumno (1º Grado en Humanidades) por consejos para el estudio a fondo de los «buenos libros», esos a los que permitimos que nos «informen» verdaderamente, no el sentido de que nos den buenos datos, sino en el de que dan-forma a nuestra humanidad, gracias a la humanidad impresa en ellos.

Mi primera respuesta a este pedido es recordar los textos que contienen consejos para el estudio y que han informado mi vida lectora e investigadora. Pienso pronto en La vida intelectual de A.-D. Sertillanges y en El trabajo intelectual de Jean Guitton; en el muy meditado soneto de Quevedo; en La aventura de leer de Pedro Laín Entralgo; en textos más actuales como Una invitación a leer… mejor de Rafael Tomás Caldera y en Leer el mundo, de Michèle Petit. Si se trata de literatura, dos lecturas algo más especializadas pero muy accesibles son El arte de la ficción, de David Lodge, y Leer como un profesor, de  Thomas C. Foster. Si se trata de leer como educador, pienso en El arte de leer creativamente, de Alfonso López Quintás.

Esa respuesta es necesaria al menos por dos razones. La primera es que aquellos me enseñaron a estudiar y leer a mí; y por lo tanto el alumno, sin saberlo, no me pregunta por mi maestría en relación con el estudio, sino por la maestría de mis maestros que yo he encarnado como mejor he sabido. Es honesto presentarle a mis maestros. La segunda razón es combatir algunos prejuicios, como el «individualismo del estudioso» y el «adanismo» de pensar que cada uno tiene «su» método, como si lo mejor del mismo no lo hubiera aprendido de otros.

Pero esa respuesta tiene algo de trampa, porque no me pregunta por libros, sino, precisamente, por cómo leerlos. De forma que, aun cuando el alumno estuviera dispuesto a empaparse de mi larga lista de referencias, su pregunta, previa a la lectura, permanece sin respuesta. El alumno necesita de algunas pistas iniciales de aquel a quien él ha decidido preguntar. Así que debo mojarme; y esta es mi provisional respuesta.

Cinco consejos para dejarte domesticar por buenos libros

1. Consigue la mejor edición posible del texto; no tanto en forma como en fondo: si es una edición crítica; si está anotada; si se trata de una traducción, que sea buena, etc. ¿Cómo sabes cuál es la mejor edición? Pregunta a los expertos.

2. Haz una primera lectura completa del texto sin preocuparse demasiado por lo que no entiendes. Puedes hacer desde ese momento anotaciones al margen; y también usar algunas marcas. Por ejemplo, usa el signo «?» allí donde te quedan preguntas. Yo uso llaves, cuadros, círculos, dibujos, pequeños esquemas, enumeraciones, signos de admiración o interrogación… la clave de sol, allí donde encuentro una revelación importante.

Sólo cuando tengas ya cierta experiencia (si no, espera a la segunda lectura) subraya fragmentos del texto. Yo lo hago en dos colores (lo aprendí de Juan Jesús Álvarez Álvarez): azul para las ideas vertebradoras y rojo para otras cosas. Este hábito ayuda a distinguir (mientras lees) entre las ideas y la retórica (en el caso de los ensayos, los textos teóricos o los persuasivos); o entre las claves dramáticas y el resto del texto (en el caso de la narrativa).

GUITTON, Jean. El trabajo intelectual, Rialp, Madrid, 2000 [1951], 84.

3. Busca con quién leer de nuevo el texto. Se trata ahora de hacer una segunda lectura, acompañado por un especialista (en el texto, en la lectura, en la vida). Es ideal alguien con quien discutir en vivo y en directo, pero hay muchos maestros que fijaron sus ideas sobre libros en varios medios: textos, fotos, dibujos, vídeos, audios... Esta segunda lectura es más analítica y en detalle. Tal vez debes meditar despacio cada capítulo, tal vez rastrear con especial atención algún tema, idea, personaje, etc. Esto depende del libro; o de tus inquietudes; o de las pistas que da el maestro con quien lees.

4. Haz una tercera lectura completa del texto, de nuevo de forma ágil y sin detenerte demasiado, para recuperar la visión de conjunto, contemplar la relación entre sus partes y asentar la obra en tu memoria. Sólo así pasará a formar parte de ti, enriqueciendo en el futuro tu memoria, tu experiencia, tu capacidad para sentir, discernir, decidir y expresarte.

5. Durante todo el proceso, puedes hacer una ficha de lectura con la información completa de la edición del texto que has manejado, algunos campos básicos (género de la obra; tema o temas fundamentales; ideas fundamentales; algunas citas literales y la página de la que las extraes…) y otras cosas que consideres oportunas. Evita que la ficha se convierta en un segundo libro, por ser demasiado extensa. Yo uso un gestor de citas (Zotero) cuando sospecho que usaré el libro en futuros escritos. Si el libro es tuyo (cosa muy recomendable si vas a dejarte informar por él) tal vez puedas hacer la ficha en el mismo libro o en una octavilla que te sirve de marcapáginas.

¡Ah! Que tú lees libros de fondo, esperando que impriman en tu alma su humanidad, en formato digital… ¡Tú verás!

1 comentario:

  1. Qué buenos alumnos tienes... Y qué suerte la suya de tenerte como maestro!!!

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