viernes, 27 de diciembre de 2013

Los «innumerables otros» que llevamos dentro

Notas para un autorretrato (Álvaro Abellán).
Mi amigo Salvador me habló el otro día de «los innumerables otros, que decía Irene». Es verdad que Irene quería escribir sobre los innumerables otros de C. S. Lewis, aquellos a los que el escritor debía en buena medida el llegar a ser quien había llegado a ser, algunos de los cuales eran amigos notables y otros, admiradores con quienes el autor se carteaba. Lo que supongo que Salvador no sabía es que esa expresión la tomó Irene de mí.

El caso es que no tengo ningún derecho a reclamar la autoría porque, aunque llevo años hablando de los innumerables otros que llevo dentro, el otro día re-descubrí de quién la tomé yo. Al ver el texto –pero sólo después de verlo– caí en la cuenta de que debo esa genial expresión a mi querido Benedetti. Ahí no acaba la cosa: don Mario reconoce su deuda con Fernando Pessoa. Y aquí, ya sí, pierdo el rastro. Fernando->Mario->Álvaro->Irene->Salvador. Con dos rupturas ya subsanadas en este camino... y cuánto invisible e irrecuperable habrá pasado antes, después y durante esta cadena causal que ahora hemos señalado.

El contenido de la expresión «innumerables otros» sufre diversas mutaciones al ser asimilado por cada uno de nosotros. En Pessoa el drama está en afirmar su voz y callar al resto, en tratar de ser él mismo. Benedetti, a pesar del caos y las peleas que eso conlleva, agradece -con su ironía- la presencia de sus «innumerables otros», gracias a los cuales no se queda «solitario y poquito». Irene me tomó prestada la idea en el sentido que ya te he contado. Aún debo entender mejor de qué habla Salvador.

En mi caso, la expresión subraya la condición comunitaria del ser humano. Eso incluye la necesidad de descubrir y afirmar nuestra propia voz plantea Pessoa y la necesidad de la presencia de otros que asume Benedetti. Incluye a los conocidos por cada uno de nosotros y a los que tanto debemos, de los que habla Irene. Incluye a los gigantes a cuyos hombros nos subimos. Yo sumo a esas listas a los desconocidos. Mis «innumerables otros» son el indeterminado número de personas del pretérito y del presente que hicieron y hacen posible que yo esté aquí hoy, siendo quien soy, haciendo lo que hago, escribiéndote a ti. Al nombrarlos, me recuerdo agradecido a la infinidad de personas cuyo rostro me es desconocido y me reconozco responsable de la otra infinidad de personas a las que llegará mi acción, aunque nunca llegue a conocerlas. En definitiva: al mentar a los innumerables otros me reconozco en una estructura de deudas y responsabilidades, agradecimientos y celebración, olvidos y encuentros cuyos límites pretéritos y futuros nos superan infinitamente. Es, por lo tanto, un concepto fundamental de nuestra Teoría Dialógica de la Comunicación, que además de lo anterior, explica a qué llamamos dialogar –y discutir– con nosotros mismos. En realidad, discutimos con los innumerables que habitan en nosotros. Te comparto más abajo los poemas de Pessoa y Bendetti, recién rescatados de mi olvido.


[Viven en nosotros innúmeros]

«Viven en nosotros innúmeros;
si pienso o siento, ignoro
quién es que piensa o siente.
Soy tan sólo el lugar
donde se siente o piensa.
Tengo más almas que una.
Hay más yos que yo mismo.
No obstante, existo.
Indiferente a todos.
Los hago callar: yo hablo.
Los impulsos cruzados
de cuanto siento o no siento
disputan en quien soy.
Los ignoro. Nada dictan
a quien me sé: yo escribo».
(Fernando Pessoa).


Pasajeros 

«Somos pasajeros de la vida
pero como bien dijo el sabio Pessoa
"viven en nosotros innumerables otros"
por eso compartimos el mismo tren
igual destino / paisajes inmutables
[…]
hay miles de ojos que nos siguen
miles de oídos que nos escuchan
hay buenos tangos con su mansedumbre
jazz con su escándalo de baterías
qué vamos a hacer / somos pasajeros
de una vida que pasa y no perdona
[…]»
(Mario Benedetti)


Innumerables otros

«Naturalmente / están en mí
con ojos manos labios
alientos reproches
dudas afiladísimas

como hasta ahora no murió ninguno
hablan por mi boca
miran por mis ojos
dicen que yo dije
y yo no dije nada
mienten / eso es todo

innumerables / los hay tiernos
pero les cuesta amar
son demasiados como para
compartir un sentimiento

están en todas partes
en mi garganta en mis oídos
en mis rodillas en mi páncreas
y por si fuera poco
se organizan en coros
que me ensordecen

se burlan de mi voz y de mi tos
y si en la noche escupo
algún innumerable
los otros repudian
y hacen huelga
o se retiran ofendidos

eso me viene bien /
sin esa multitud de inoportunos
regreso a ser yo mismo
solitario y poquito».
(Mario Benedetti)

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