domingo, 27 de octubre de 2013

La unidad de vida: clave para interpretar todas las partituras

André Kertész, Sombras, 1931.
«Cuida tus creencias, porque configuran tus pensamientos. Cuida tus pensamientos, porque conforman tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convierten en acciones. Cuida tus acciones, porque generan tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque definen tu carácter. Cuida tu carácter, porque determina tu destino». Es una frase atribuida a Mahatma Gandhi que recoge bien la conexión entre distintos ámbitos de la persona humana: fe, razón, palabra, acción, hábito, carácter (en el sentido de rasgos por los que eres personalmente reconocido, y no en el de algún reduccionismo psicológico) y destino.

Es más discutible que el orden sea siempre el anunciado en la frase, ya que muchas veces ocurre al revés. De hecho, Gregorio Marañón recomendaba: «Vive como piensas, o acabarás pensando como vives». Es decir: o nos esforzamos por vivir conforme a nuestros ideales o terminaremos por retorcerlos hasta que justifiquen una vida medriocre.

En todo caso, en lo que Gandhi y Marañón coinciden es en subrayar la tendencia del ser humano a integrar y unificar su vida. Hay en nosotros cierta «incohesión», que diría Gabriel Marcel, quizá porque iniciamos multitud de trayectorias vitales en diversas direcciones, o quizá también porque algo en nosotros nos habla de una misteriosa unidad perdida. El caso es que no convivimos bien con el divorcio entre pensamiento y obra, palabra y acción, deseo y costumbre. La búsqueda de espacios donde podemos ser nosotros mismos, sin doblez ni ocultamiento, queridos tal y como somos, es un indicio de ello. Por vía negativa, la mentira -que introduce un divorcio entre pensamiento, palabra y vida- nos divide de tal forma que nos lleva a la desesperación, o a la rendición ante la verdad, o a la disociación de nosotros en dos vidas, dos personalidades distintas que fracturan nuestra interioridad y nos pueden precipitar a la locura.

Dado que anhelamos en nosotros de forma natural esa unidad de vida tendemos a buscar, de forma más o menos consciente o inconsciente, un ideal, un propósito vital, un criterio orientador que vertebre todo lo que hacemos. A esa búsqueda la llamó Victor Frankl «voluntad de sentido». Es conocida la afirmación de Ortega de que «la vida nos es dada» (no elegimos venir aquí), pero «no nos es dada hecha», sino que hacerla es, precisamente, nuestro «quehacer», nuestra tarea. Lograr la unidad de vida consiste en hacernos cargo de nuestra peculiar situación en el mundo y ofrecer nuestra vida como una respuesta -una gran respuesta que contiene todas las demás- a esa situación.

Cuando convertimos nuestra natural búsqueda de sentido en una tarea consciente y libre, es fácil que encontremos criterios orientadores en torno a los cuales trabajar nuestra unidad de vida. Gracias a esos criterios nos prevenimos de la esquizofrenia, el doblez o fractura interior. Al lograr cierta unidad vital, empezamos a comprender el sentido de esta enigmática frase: «Todo el universo conspira a favor nuestro». Dicho de otra forma: descubrir nuestro lugar en el mundo es encontrar la clave para interpretar todas las partituras de la vida.

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Este artículo pertenece a la serie #CrearEnUnoMismo y actualiza una versión aparecida anteriormente en LaSemana.es.

2 comentarios:

  1. Es muy interesante como se menciona dentro del articulo la palabra divorcio para hacer referencia a dos cosas distintas entre si.

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  2. Intento localizar la cita de Marañón, pero no la encuentro, ¿podrías decirme, por favor, Álvaro, en que obra se encuentra? Gracias, un saludo.

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