lunes, 5 de febrero de 2018

María Zambrano, educadora: "razón mediadora"

Fotografía tomada de FundaciónMaríaZambrano.org.

Llegué a María Zambrano gracias a los Reyes Magos, que me dejaron en Burgos, allá por 2006, La confesión: género literario (Siruela, 2004). Allí , entre otras cuestiones, compara la autora las confesiones de San Agustín con las de Jean Jacques Rousseau. Pero hace algo más. Ofrece una particular visión de la vida y de la filosofía.
«Una vida que acata la existencia, la sola existencia de la verdad, es una vida en la que se ha operado algún cambio; es ya una vida transformada, convertida, pues que a toda verdad, por evidente y grande que sea, cabe responder con un “¿qué me importa?” –indiferencia o desafío» (14). «Mas, entre la vida y la verdad ha habido un intermediario […] Es el amor, quien dispone y conduce la vida hacia la verdad» (15). 
Cuando leí estas palabras supe que volvería a habérmelas con esta pensadora.

En 2011 encontré «Por qué se escribe», en Hacia un saber sobre el alma, y comprendí mejor por qué escribimos… y leemos. Luego descubrí a la Zambrano de la razón poética, de la experiencia casi mística, de esa gran sensibilidad para la música y la pintura.

Conocí a Juana Sánchez-Gey Venegas, experta en nuestra autora, a finales de 2017, y descubrí entonces a la María Zambrano educadora. De esa otra Zambrano quiero hablar, ahora que se aproxima el aniversario de su fallecimiento (6 de febrero de 1991). Bastaría decir que los temas de sus escritos fueron la política, la filosofía, la religión, la educación y la estética. Son los temas de los grandes maestros, al menos desde ese binomio Sócrates-Platón. Pero debemos decir más.

Fue hija de maestros. Docente en el Instituto Escuela, inspirada en los principios del Instituto Libre de Enseñanza (ILE), participó en las Misiones pedagógicas. Fue profesora en la Universidad Central de Madrid (hoy Complutense) y en la de Barcelona, así como en varias universidades americanas. Formó parte de la Escuela de Madrid, ese grupo de filósofos y escritores –precedidos por don Miguel de Unamuno; encabezados por don José Ortega y Gasset- que empeñaron su vocación pública en elevar el nivel intelectual y cultural del español medio de su tiempo.
«Lo que se publica es para algo, para que alguien, uno o muchos, vivan sabiéndolo, para que vivan de otro modo después de haberlo sabido; para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las tinieblas del tedio, que es la mentira vital» (Hacia un saber acerca del alma).
Sánchez-Gey encontró algunos manuscritos inéditos de Zambrano sobre el tema de la educación. Los ha recopilado y recogido en Filosofía y educación: manuscritos (ECU, 2011). Muy recomendables. En otro lugar (SÁNCHEZ-GEY, Juana. María Zambrano, Fundación Enmanuel Mounier, colección Sinergia, Madrid, 2016, 64 y ss), sintetiza Sánchez-Gey los rasgos de la Zambrano educadora:

  • Filosofía y educación son dos actividades que se exigen mutuamente.
  • Su forma de decir y de enseñar se ofrecen son gesto mediador de comunicación y participación.
  • Sus temas son diversos: pensamiento, amistad, sentimientos, modernidad, la virtud, la dignidad...
  • Sus manuscritos ofrecen una especie de fenomenología de la vida escolar: los exámenes, las aulas, los juegos...
  • Contiene referencias a la institución escolar y a su función socializadora.
  • Reflexiona sobre la labor del magisterio y sus implicaciones.
  • La función educadora como forma de vida y la importancia del discipulado como método de humanización.
  • Clave en su filosofía y magisterio es la educación de la mirada. La mirada, por ejemplo, del maestro al alumno; también de un ser humano a otro: «Toda persona humana es ante todo una promesa. Una promesa de realización creadora» (La vocación del maestro). 

Los escritos en los que Zambrano no habla de educación son también signo de su magisterio. Como ocurre con los de su maestro Ortega, o con Julián Marías: son autores que no escriben para adoctrinar o para hacer parecer al autor muy sabio y culto. Al revés, la función de sus escritos es la de hacer inteligente y sabio al interlocutor, elevar la humanidad y la cultura de sus lectores.

Hablo hoy de María y no de otros porque quizá es menos conocida, y quizá es menos conocida por ser mujer –tema que ella abordó, sin ideologías y sin odios, con hondura y amor-. Pero al pensar en ella pienso en aquellas generaciones encabalgadas –el 98, la Escuela de Madrid, el 27- y en cómo supieron -con sus cosas, claro está- ser grandes y ser juntos. Y en esta labor mediadora, si no en otras, sobresalió Zambrano.

«No tener maestro es no tener a quien preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quien preguntarse». Quizá no nos falten hoy maestros; pero quizá sí nos falta ver en ellos no solo personas a las que preguntar, sino personas que saben con quién preguntarse. Nos falta reconocer en ellos espíritu de cuerpo, capacidad de mediación, unidad profunda por debajo de sus muchas diferencias.

No es peor la fractura española de hoy que la de entonces, en la que tanto se escribió sobre las dos Españas. Pero ellos supieron amarla como una, con exilio y guerra de por medio. Quizá precisamente hoy podemos entender mejor porqué escribieron ellos como escribieron. Supieron dolerse por la fractura y evitar la embriaguez de una falsamente feliz separación. Razón mediadora. De eso andamos necesitados. Miremos a quienes supieron vivirla y contarla. Contemos con ellos, para aprender a contar con todos nosotros.

1 comentario:

  1. Gracias por esta reflexión tan necesaria ¡Qué necesario sacar a la luz a los Maestros! María Zambrano con su "razón conciliadora", su espíritu conciliador, su vida y su obra precursora en tantos ámbitos. Gracias de corazón

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