jueves, 10 de noviembre de 2016

San Benito y la dirección de equipos

San Benito de Nursia.
Otro día hablaremos de los
símbolos que acompañan su figura.
Son cada vez más frecuentes los libros para empresarios inspirados en principios, valores o modelos tomados de la vida religiosa. El monje que vendió su ferrari (Robin S. Sharma) contiene en el título todo un símbolo de este tipo de literatura. El liderazgo al estilo de los jesuitas (Chris Lowney) es un título menos conocido, pero conjuga mucha experiencia y finura conceptual en un texto muy bien articulado (este descubrimiento se lo debo a @j_riveram).

A modo de ejemplo muy directo, quiero compartirte algunas reflexiones de San Benito, fundador de la Regla que ha regido en los monasterios durante más de 1000 años, sobre las cualidades que debe tener un buen abad. Abad viene de Abba, papá, que es como Jesús llamaba Dios en su oración. Y la comunidad monacal requiere de un gobernante que sea, sobre todo, padre. «Padre» y «comunidad» significan mucho más que «jefe» y «equipo», pero es fácil reconocer que hablamos de realidades que guardan entre sí cierta analogía. ¿Cuáles son, según San Benito, las características del buen abad? ¿Puede iluminar, la reflexión de San Benito, la figura de lo que debe ser un buen líder?

El abad (¿el líder?) «no debe mandar al margen de la justicia» y será culpable de «lo defectuoso en buscar el provecho de sus ovejas». Debe enseñar lo que es bueno o malo de un doble modo: «con hechos y con palabras». Las palabras son, especialmente, para «los capaces»; y los hechos «para los duros de corazón», a quienes sólo el testimonio de quienes tiene a su alrededor puede hacer cambiar de parecer. El abad debe también evitar favoritos, pero aplaudir el mérito y no disimular los errores, sino detectarlos y arrancarlos de raíz a tiempo y con toda su energía. Pero, ojo, combatir el pecado para salvar al pecador. Por eso ha de combinar «la bondad del padre con la severidad del maestro».

Un buen abad tiene su mirada puesta no sólo en el corto plazo; sino también en el largo. La mirada del abad introduce además una dimensión vertical: no sólo a corto o largo plazo, sino también de abajo a arriba: «No se interese más por lo transitorio y caduco, sino por las almas». Por último, Benito sostiene que el abad «mientras se preocupa de la cuenta ajena, se cuidará también de la suya propia». Así, servir a los demás es el mejor servicio que podemos hacernos a nosotros mismos.

La Regla de San Benito, más centrada en lo permanente que en lo urgente, habla al corazón y da claves de acción para todos, viva en el tiempo que viva y desempeñe la profesión que desempeñe. De ahí que sea una hermosa y perenne regla sobre la que edificar, al margen de modas y en clave de eternidad, ese lugar donde la vida se ensancha.

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Este artículo pertenece a la serie #TuTambién.

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