martes, 1 de marzo de 2016

Periodismo: ¿Oficio, afición o profesión?

Fotograma de Todos los hombres del presidente (All The President's Men, Alan J. Pakula, 1976).

Un oficio es una ocupación habitual, normalmente relacionada con la repetición, el ritual o las artes mecánicas. El oficio, por lo tanto, puede ser una actividad muy noble, muy sentida, incluso trascendente y, por supuesto, muy hermosa. Pero no es un quehacer netamente intelectual.

Profesión viene de del latín professio, que significa «acción y efecto de profesar». Subrayo el origen latino de la expresión no por capricho, sino porque ese origen debería servir para despertar la conciencia del periodista sobre su propio quehacer.

El periodista anónimo –que no firma sus obras, mal llamadas piezas, como si se dedicara a la construcción de mecanos–, el periodista neutral que no compromete su palabra, el periodista que es altavoz acrítico de otros, el periodista que se limita a contar lo que ve… no profesa nada.

El periodista profesional, de un modo especialmente visible, es un profesante, un profesador, un profesor –como bien supieron quienes decían que la función del Periodismo es «informar, formar y entretener». ¿Y qué profesa o debería profesar? Una interpretación –un juicio crítico y prudencial– sobre los acontecimientos actuales y relevantes de la realidad social (política, cultural, etc.) al servicio de la comunidad a la que sirve.

Nuestra idea de profesional suele oponerse a la de aficionado. Aficionado viene del latín affectio y es propio de quien siente un amor o una pasión insistente por alguien o algo. Al aficionado, por lo tanto, no se le puede presuponer ni una cualificación específica o reconocida ni una retribución por su afición.

Al distinguir entre profesional y aficionado, no obstante, no hay por qué hacer de menos al segundo. Suele ocurrir que algunos aficionados se sienten ofendidos si pretendemos pagarles a causa de sus amores; y también puede ocurrir que uno deje de ser aficionado a algo cuando empieza a ejercer como profesional y mezcla los asuntos del corazón con los del dinero. Pero también puede ocurrir –y hay que reconocer esa posibilidad como un tesoro– que uno sea un aficionado a su profesión. Del mismo modo, todas las profesiones tienen su parte de oficio, que el profesional debe dominar: sus rutinas, hábitos, procesos, etc.

Así, resulta que un profesional puede tener afición a su profesión y debe adquirir también el oficio inherente a su profesión. Estos tres términos no necesariamente se oponen. Pero ser profesional añade a los otros dos términos aspectos que hoy son esenciales para ejercer el Periodismo que necesitamos: conocimiento y quehacer especializado, capacidad para administrar un saber –control sobre el contenido de su propio trabajo–, autorregulación, vocación de servicio a su comunidad y percibir una retribución económica.

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