lunes, 24 de agosto de 2015

Drácula: un original que supera todas las copias

Winona Ryder es Mina en Bram Stoker's Dracula (Francis Ford Coppola, 1992). 
A pesar del título, la película traiciona los valores y el sentido de la novela original.

Estoy seguro de que sabes quién es el conde Drácula, pero quizá no hayas leído la genial novela que dio fama mundial al personaje y que supo crear esa insuperable atmósfera romántica y pavorosa, científica y mítica, diabólica y sagrada: el Drácula de Bram Stoker. Con este libro viví la experiencia reveladora que acontece cuando te encuentras con un original radicalmente distinto –e infinitamente mejor– que sus posteriores adaptaciones.

La novela de Abraham (Bram) Stoker es una de las historias mejor construidas de las letras universales (según Luis Alberto de Cuenca) y la novela más hermosa jamás escrita (según Oscar Wilde). Sin duda, lo segundo es más exagerado que lo primero pero, en ambas afirmaciones hay algo de verdad. Incluso quien no sea un amante de la literatura quedará fascinado por la genialidad estructural de la obra, construida con retazos de diarios, recortes de periódico y notas manuscritas, y con un ritmo y juego de perspectivas que enganchan al lector de forma similar a las mejores novelas policíacas.

La entereza de los protagonistas que se enfrentan al vampiro y la pureza de sus almas, bien construidas por Stoker son algo hermoso de contemplar. En medio de las más terribles pruebas, escribe uno de los protagonistas: «Es verdaderamente asombrosa la resistencia de la naturaleza humana. En cuanto desaparece el obstáculo que la agobia […] –incluso mediante la muerte– volvemos rápidamente a los primeros principios de la esperanza y de la alegría».

La obra es universal por la grandeza de los temas que trata: desde el trabajo en equipo hasta la relación entre la verdad y el compromiso, la duda y la parálisis existencial, la soledad y la amistad, el amor. En última instancia, aborda el conflicto entre una muerte en vida –una eterna vida terrenal sin espíritu– y una Vida auténtica que nos exige mirar a los ojos a la muerte. Es inspiradora porque nos pone frente a hombres cuyo horizonte vital está por encima de la supervivencia –física– y el bienestar material. Pero es también un retrato de época, pues aborda el tema de la fe en la razón del hombre ilustrado, una estrecha y mundana razón que le ciega e impide abrirse a los grandes misterios del mundo, a pesar de que sus ojos le den pruebas de que no todo es tan sencillo como parece.

El libro arranca y termina con una declaración de intenciones: habla del valor de las pruebas –científicas–, del valor del testimonio –personal– y de cómo las miserias más terribles y la grandeza del hombre no caben bajo las categorías del hombre de ciencia del XIX. «En estos tiempos ilustrados –escribe otro personaje– los hombres no creen siquiera en lo que ven, la duda de los sabios sería lo que mayor fuerza le daría» a la criatura demoníaca que es Drácula. La incredulidad, la falta de confianza, aparecen en la obra como los mayores enemigos del hombre.

Y al contrario, allí donde hay amor, amistad, resolución y valor, allí donde los hombres están más preocupados por salvar un alma que por conservar su propia vida, edifican, a pesar de los terrores que los rodean, ese lugar donde la vida se ensancha.

...

Este artículo, de la serie #TúTambién fue publicado originalmente en LaSemana.es.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...