jueves, 22 de enero de 2015

«Cuando el hombre empezó a pensar», la ciencia tenía que ver con las personas

Fotograma de la serie Bones: la mejor ciencia forense al servicio del bien común.

«Cuando el hombre empezó a pensar». Así se refiere una amiga mía al tiempo en que los griegos abandonaron la explicación mítica del mundo para dar respuestas racionales sobre la naturaleza, el mundo y Dios. Luego, los mismos griegos empezaron a reflexionar sobre el hombre y las actividades humanas: Economía, Política, Arte, Sociedad, Estado, etc. Aquel periodo se llamó Humanismo porque la reflexión partía del hombre y estaba orientada al bien del hombre. Por ejemplo: el modelo básico de la economía y de la organización de las relaciones sociales era la familia. Sí, lees bien: la economía y la política no giraban en torno a la optimización del beneficio o a la obsesión por conseguir y mantener el poder, sino que atendían al bien de la familia como fundamento del bien social.

El Humanismo clásico aportó conceptos revolucionarios que marcaron durante más de mil años la diferencia entre el crecimiento espiritual y material de Occidente y el del resto del planeta: amistad civil, bien común, principio de confianza, responsabilidad personal, participación en la vida cultural, etc. Pero en algún momento de la Historia el hombre perdió su camino. La Economía, la Política, el Arte, etc. se convirtieron en disciplinas autónomas, y se pasó a reflexionar sobre ellas sin partir del hombre y sin tener por finalidad el bien del hombre. Como si la Economía, la Política o el Arte fueran algo en sí mismo, con leyes y estructuras propias respecto de las que el hombre concreto no tiene nada que decir. Hoy es habitual leer un manual de Economía o incluso de Teoría Política donde no se hable de las personas. ¿Cómo es eso posible?

S. McCoy es un analista financiero cuyo blog Valor Añadido es seguido por un público muy heterogéneo, pero interesado en las cuestiones económicas. En marzo de 2009 McCoy sorprendió a sus lectores con una reflexión sobre el valor de la familia y las claves de su matrimonio como armas para combatir la crisis económica. El artículo tuvo tanto éxito que lo ha retomado varias veces. Aquí tienes la última versión de Cinco trucos para la felicidad en el matrimonio. En su versión original –ya perdida– los comentarios eran tan interesantes como su artículo. Muchos lectores le echaron en cara, indignados, que hablara de sí mismo. Cuando la persona se cuela en la Economía, saltan los puristas, indignados. Yo no puedo sino aplaudir la aparición de la persona de carne y hueso en este mundo de mediocridades despersonalizadas.

Si la persona concreta, con sus convicciones e inquietudes, debe aparcar humanidad cuando habla de Economía, ¿para qué hablar de Economía? Una ideología invisible aliada con el capitalismo y que convierte en un absoluto la llamada "neutralidad" nos obliga a retirar todo lo personal de la vida pública. Al final, habrá Economía, Política. Ecología, Democracia... y un mundo ideal regido por leyes universales y perfectas, pero sin personas. Los que condenan que uno exprese algo personal parecen desear ese mundo inhumano. Yo creo, más bien, que allí donde aparece lo personal, brotan reflexiones y discusiones apasionantes donde la vida se ensancha.

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Este artículo pertenece a la serie Tú también y su primera versión fue publicada en LaSemana.es.

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