martes, 16 de diciembre de 2014

Las "mates" no son como la vida

«El señor Jeavons decía que a mí me gustaban las matemáticas porque son seguras. Decía que me gustaban las matemáticas porque consisten en resolver problemas, y esos problemas son difíciles e interesantes, pero siempre hay una respuesta sencilla al final. Y lo que quería decir era que las matemáticas no son como la vida, porque al final en la vida no hay respuestas sencillas».

Este fragmento está tomado del best-seller de Mark Haddon El curioso incidente del perro a media noche. El libro cuenta la historia de Christopher Boone, un chico de 15 años con una mente prodigiosa para las matemáticas y nula para lo social y emocional. La aparición de un perro muerto en el jardín de su vecina le hará esforzarse por salir de sus rutinas y por enfrentarse a un mundo que odia.

Las reflexiones del chaval no dejan de ser curiosas. La inocencia con la que mira el mundo puede descubrirnos algunas cosas sobre nosotros mismos que no podríamos explicar así, porque llevamos demasiadas capas e interpretaciones a cuestas. En este párrafo escogido, el chico tiene razón. Las cosas que nos gustan y nos entretienen, los hobbies con los que perdemos horas y nos evadimos de lo cotidiano, nos gustan porque, al final, tienen solución. Tal vez nos cueste mucho llegar a ella, pero tienen solución.

Algo similar expresaba Andy, protagonista de Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet, 2007), respecto de la contabilidad: «¿Sabes una cosa? Lo bueno de la contabilidad inmobiliaria es que puedes… puedes sumar al final de una página o en medio de una página y todo encaja, al final del día todo encaja. El total es siempre la suma de las partes. Es limpio, claro, impecable, indiscutible. Pero mi vida no es… no encaja, es… nada está conectado con el resto, no. Yo no soy la suma de las partes. Todas las partes juntas no suman un único yo, supongo». Como comentamos entonces, los seres humanos no podemos ajustar cuentas con la vida. Nunca nos salen las cuentas.

La vida humana no tiene solución. Tomada en serio, la vida es siempre un misterio. Ahora bien: un misterio que no es absurdo. Un misterio que podemos enfrentar cara acara y que nos ofrece respuestas. Respuestas que nos comprometen y, por eso, en ellas descubrimos caminos certeros o errados y aprendemos a distinguirlos como tales. Conviene apostar por los primeros. Normalmente, no son fáciles. Normalmente, la respuesta, en las cosas de la vida, siempre es problemática.

Pero ya lo decía Salvador de Madariaga: los problemas importantes de la vida no están para que los solucionemos. Son ellos los que nos solucionan. Los que sacan lo mejor de nosotros. Cuando es así, cuando varias personas se enfrentan con lo mejor de su humanidad a las situaciones difíciles de la vida, atraen a muchas otras en la batalla, pues están edificando, con su mejor hacer, ese lugar donde la vida se ensancha.

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Este artículo pertenece a la serie ¿Tú también? y fue publicado originalmente en LaSemana.es.

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