domingo, 7 de septiembre de 2014

García-Máiquez: para ser auténtico debía recurrir a las palabras de otro

¿Quién de los dos es el doctor Jones? / Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg, 1989).

Enrique García-Máiquez (@EGMaiquez) nos cuenta en Lo dicho de estar vivos su angustia pocos días antes de estrenar su curso de Introducción a la Literatura. Para responder a la pregunta «¿Qué es la Literatura?”», necesitaba, «para ser auténtico», recurrir «a las palabras de otro».Creo que su experiencia no es tan extraña: solemos descubrir lo mejor de nosotros mismos al reconocerlo en otro. Nuestra vocación y nuestro saber se forman en buena medida al reconocer lo que nos pertenece, lo que también está en nuestro corazón, sólo que nos damos cuenta después de verlo en otros. En García-Máiquez hay sin duda, además de esto, humildad. Pero eso es ya otra cuestión.

En cierto modo, la experiencia de necesitar las palabras -y las vidas- de innumerables otros explica la serie de artículos «¿Tú también?», homenaje a la expresión de C. S. Lewis para definir la amistad. En estas notas me sorprendo al descubrir que lo más profundo que vivo y siento lo han vivido y sentido otros primero, y me ayudan a darle forma y a compartirlo ahora contigo. Así que cito a Mario Quintana, que es a quien cita García-Máiquez, para que sepas qué pensamos los tres –y qué pensabas tú, quizá sin todavía saberlo– que es la Literatura:
«Hay muertos que no saben que están muertos..., hete aquí un viejo tema de esos relatos fantásticos o de fantasmas que la gente lee sin cansarse nunca. ¡Como si no hubiese cosas mucho más impresionantes en nuestro propio mundo! Una historia, por ejemplo, que comenzase así: “Hay vivos que no saben que están vivos”».
Eso explica en buena medida porqué la gran literatura –y el gran cine– provoca en nosotros una catarsis, una conmoción, que nos golpea profundamente y que nos revela lo milagroso, lo misterioso, lo que de aventura tiene el mero hecho de sabernos vivos. Me reconocí en Chesterton al instante cuando leí en él que no hay mayor aventura que la vida. Yo solía acudir a Indiana Jones para expresarlo. Las aventuras del doctor-explorador son la mejor analogía de nuestra propia vida –al menos, de la mía, según me ha compartido algún alumno socarrón–.

Somos arrojados a una tarea que nos resulta imprevista, puesto que nadie nos pide permiso para traernos al mundo. Si aceptamos el reto y el riesgo de afrontar nuestro destino, por el camino nos aguardarán dificultades y enemigos gracias a los cuales llegamos a ser los que somos. También nos aguardan tesoros, sin necesidad de abordar otros navíos, bajo el traje y la piel de todos los hombres que rimarán con nosotros. «¿Tú también?», diremos muchas veces al encontrar que otros comparten con nosotros sueños, esperanzas y proyectos valiosos.

Revivir la sorpresa, el milagro, de redescubrir cada día que estamos vivos. Un gran tema para la literatura… y para compartir con quienes nos rodean, ampliando, así, ese lugar donde la vida se ensancha.

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Este artículo pertenece a la serie tú también y actualiza el publicado originalmente en LaSemana.es.

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